Hubo una época en la historia de la televisión española en la que los marcianos invadían los hogares a medianoche, la nave más gamberra pilotada por Javier Sardá nos traía un universo de personajes, de escenas surrealistas y de situaciones histriónicas a día de hoy impensables. Pero entre esa amalgama circense también había hueco para la cultura, de vez en cuando intervenía un niño de 12 años hablando de Egipto, o mejor dicho, impartiendo una masterclasss sobre cultura Clásica. Ese niño que también pasó por el plató de Ana Rosa entre otros, se llama Carlos Blanco (Madrid, 1986) es profesor de Filosofía en la Universidad Pontificia, doctor en Filosofía, doctor en Teología y licenciado en Ciencias Químicas, además de haber publicado casi una veintena de libros.

Después de haber repasado su curriculum académico le pregunto por su estado de la fama actual y si hay gente que aún le recuerda: “Es una cosa que me sorprende, cualquier sitio de España al que voy… restaurantes… evidentemente no es como cuando estaba en “Crónicas Marcianas”, pero no sé si por internet, los programas de zapping o qué pero hay gente que me reconoce a pesar de los años que han pasado”.

Ha fundado “The Altius Society” un club de pensadores en el que se reúnen anualmente en Oxford numerosos premios Nobel, donde se mezclan las Ciencias Sociales y Humanidades con las llamadas “puras” o “exactas” algo que a priori parecen dos universos:

“Te agradezco la pregunta, porque casi es una de mis luchas intelectuales, porque en el mundo actual donde hay tal cantidad tan inimaginable de conocimiento, hay unos desafíos que me parecen comunes a todos los seres humanos que trascienden las fronteras entre disciplinas académicas y en ese sentido, a mí me parece que junto a ese sentido más analítico-científico, es necesaria una perspectiva filosófica, amplia, distinta… Como he sido siempre tan curioso, nunca me he sentido cómodo en ningún campo concreto, me ahogaba, necesitaba ir más allá de ese campo… pero sí es verdad que cuando algo me interesa, me obsesiono, lo destripo, me gusta entrar con rigor… el estudio de las ciencias naturales, en concreto de la Química, que está a medio camino entre la Física y la Biología y te da una visión muy completa de como funciona el pensamiento científico, y luego de la Filosofía, la Historia y las Humanidades, te dan una visión más amplia de la condición humana, qué es el ser humano, las posibilidades de la imaginación humana, eso me parece una síntesis bastante rica… Las herramientas conceptuales siempre me han servido” reflexiona Carlos.

Aprovecho para preguntarle acerca de ese “estigma” que hay hacia los que hicimos un bachiller de Ciencias Sociales o una carrera de ese campo: “Uy, y fijate, peor las Humanidades, tú fíjate que Filosofía en muchos colegios no se imparte… no me gusta mucho la división ciencias-letras, ni que a las Humanidades se les llame “letras” es una simplificación muy grande…

En ciertas ramas se pueden mezclar humanidades y números y en las Ciencias Sociales cada vez son más cuantitativas… y en Ciencias no solo hacen fórmulas, los grandes científicos, tú lees a Heisenberg y las primeras páginas son filosóficas, todo texto. Me parecen diferencias muy empobrecedoras, los grandes científicos tienen pensamientos filosóficos.

Hay algo muy importante que es la imaginación, y cuando alguien busca inspiración lo hace en el arte, las humanidades… Historia, Literatura… Cuando el ser humano piensa no divide sus facultades…

 Con toda la información que nos rodea a día de hoy deslizando un dedo aún hay gente que duda de temas evidentes o científicamente demostrables, desde la llegada del hombre a la Luna a los “terraplanistas” los cuales dudan de la esfericidad de la Tierra:

“Es algo que no consigo explicar, pero a mí me parece que hay un especie de ansia de rebelarse contra lo establecido, que puede ser positivo, pero muchas veces puede ser absurdo, como es el caso. Uno tiene que rebelarse cuando tiene argumentos y lo puede justificar. La ley de la gravedad de Newton puede considerarse errónea cuantitativamente tal y como la definió el científico, otra cosa es que fuera incompleta, que viene Einstein y la corrige, pero es una rebelación racional, tiene unos argumentos y ayuda a progresar. Pero este negacionismo absurdo, solo te devuelve a etapas donde se sabía menos” afirma el profesor.

Gran parte de la culpa de ello es esta revolución llamada Internet, y le planteo si hay que tomárselo como algo plenamente positivo: “Las revoluciones tecnológicas son neutras, no son ni buenas ni malas, según como uses tú esa tecnología. Evidentemente la imprenta fue importante para el desarrollo de la edad Moderna, para acelerar el progreso. Sin embargo fue negativo para difundir panfletos, engaños… como ocurre con Internet. Cuanta más posibilidades hay más responsabilidad hay. No hay que tener miedo a la tecnología pero tampoco ser ingenuos, todo depende del uso, de nuestra madurez… tanto a nivel individual como colectivo.

El ser humano es capaz de diseñar mecanismos para neutralizar esas tecnologías negativas. Yo te proceso una gran fe en la creatividad humana.

Y en Internet gran parte de esa difusión se debe a las redes sociales y su uso, algo que Carlos precisamente no frecuenta:

“No tengo Twitter, ni Instagram, Facebook, pero lo uso muy poco. No tengo nada en contra, simplemente no va conmigo, por mi carácter y por el tipo de trabajo que realizo me gusta concentrarme, tener mi espacio de privacidad, estaría sometido a una presión que me impediría avanzar. No tengo nada en contra, conecta a muchas personas de hecho.

Tengo un blog que no lo actualizo tanto como puedo. Las redes parece que te obligan a dar tu opinión sobre todo, rápida y lacónica casi y eso no me gusta precisamente por dedicarme a la Filosofía, esos juicios sumario casi siempre son errores y prefiero evitarlos.

Me sentiría vigilado o intimidado, no me ayudaría a a desarrollar un pensamiento profundo, sentirme libre. Ese vaciamiento del individuo que prácticamente lo enseña todo es negativo, nos convierte en personas superficiales. Es esencial saber qué es lo que realmente uno tiene que contar y lo que no, lo que es un tema privado y lo que tiene que estar reservado a las personas cercanas a las que tú consideras que deben saberlo”.

Carlos sufrió el ser un niño superdotado y estar en un sistema que no iba acompasado con sus capacidades, meramente superiores:

“Hoy en día mucho mejor, el cambio es absoluto, antes para acceder al conocimiento tenias que ir a la biblioteca que es lo que yo hacia, una búsqueda solitaria, sin ayuda externa”

En sus palabras se percibe la soledad que tuvo que pasar siendo una rara avis entre su promoción :

“Yo siempre digo que no sé si la palabra sería infeliz, pero no fui tan feliz, me sentía solo, incomprendido, sentía que perdía el tiempo, así que diseñé mi propio curriculum académico con mi propio itinerario… He sido siempre muy ácrata, muy independiente no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, me gusta seguir mis propios fines, el sistema era muy rígido entonces cuando salía del colegio me formaba. Luego entré en la Academia, me adelantaron cursos, me aproveché de las opciones que daba el sistema, entré antes a la Universidad…” recuerda Carlos Blanco

Hablar con Carlos Blanco es una recepción permanente de información, de sabiduría y de calma constante, emana conocimiento y más que una entrevista ha sido una resolución de dudas existenciales…humanas… que a todos nos atañen en definitiva una charla filosófica. Sus futuros proyectos son su constante: 

“Soy un perpetuo estudiante, pero ahora ya se trata de producir, pensar, tener ideas, combinarlas… no acumular más títulos” zanja Carlos Blanco

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