Por Jesús Corso

Histriónico, dicharachero, germánico (dicho por él), familiar, pragmático y poco dogmatico. Son algunos de los adjetivos que podrían definir a Mario Vaquerizo (Sevilla, 1974), persona y personaje a la vez, no hay una bicefalia, y muy “360” como diría Paquita Salas; lo mismo te versiona I Love It de Icona Pop, que hace un reality de su vida junto a Alaska, que se presta para un anuncio de Pantene o que coge sus referentes vitales y musicales y los junta en “Cuentos para niñxs rockerxs” (2019, Espasa).

Le espero en un hotel de dos pares de estrellas de la Gran Vía de Bilbao: <<Me hago unas fotos para la prensa y enseguida estoy contigo cariño>>. Quince minutos, dos sesiones para medios y cuatro fans después logra parar. Un momento, el botones también se apunta a la fiesta y quiere inmortalizarse con él: <<Por supuesto, luego nos hacemos las fotos que tú quieras>> le responde siempre dispuesto Mario.

Con una cerveza y unos cacahuetes, se recoge la melena, le doy al rec y él al play. Hacemos un repaso breve de los personajes que aparecen en su libro: Madonna, Divine, Mozart, Elvis, los Village People… Michael Jackson.

Mario… Michael Jackson… <<Michael es Michael, y a mí lo que haga en su vida privada no me interesa, no quiero conocer a Michael, yo quiero seguir escuchando los discos de Michael Jackson, lo que haya hecho en su vida privada es cosa de él y ya está>> y le pido consejo para mi yo del futuro con retoños: <<Yo a ese niño le diría que disfrute de las canciones que le hacen sentir feliz más allá de que si Michael era blanco, negro…se acostaba con niños o no… lo que sí le diría es que si ha visto ese documental, se asegure de tener una madre que te incentive el uso a la lectura y no quiera meterte en una cama con un señor…>>

Y añade más leña sobre los que permitieron a esos niños ir a Neverland: <<Eso no quiere decir que si Michael ha hecho cosas mal por supuesto que sí, pero si también nos llenamos la boca de que hay que creer en la justicia… La justicia le absolvió y si tenemos que hablar de todo pues hablamos del papel de esa madre… >> argumenta Vaquerizo.

Aprovecha para mostrar su discurso anti políticamente correcto: <<El problema no lo tiene Michael lo tiene la sociedad y su actitud de lo políticamente correcto, y yo ante eso no voy a pasar, ¿sabes por qué? Porque estoy en contra y estoy hasta el coño de las dictaduras y de las censuras, seamos un poquito serios, si se aplica a uno se aplica a todos…>> Alega que es un juego peligroso y que nos podríamos quedar sin Cultura y no quiere perderse la obra del artista.

Y añade una anécdota sobre la marcha: <<Yo de niño tenía el teléfono de Ana Torroja porque era muy fan y mi madre jamás me dejó llamarle porque mi madre me decía; “Te podrá gustar mucho pero tú no tienes por qué estar molestando a las personas, la ves cuando haga un concierto”>>.

Sabe salir de todas o casi todas del paso, a pesar de su extravagante e incombustible personalidad, quizá por su vertiente periodística conoce las normas del tablero y sabe que puede moverse cual Reina: <<Como soy periodista, entiendo las dos partes, que es lo que me ha salvado. Muchas veces me llaman de la editorial: “¿Qué quieres hacer promoción”? Y respondo que sí, toda la que haya y más, estoy en los dos lados, nos necesitamos mutuamente, y me parece muy ingrato que hayas cobrado por un libro, exijas estar en las mejores tiendas y después no querer trabajar, y además, sé lo cara que es la promoción, hoy estoy aquí (en Bilbao), vengo en business, voy, entro… no soporto la gente que no le gusta la promoción, me parecen… hijosdeputa… no me parecen profesionales… es como la gente que se queja de que le paran por la calle… ¡pues no hagas anuncios!>>.

Después de apelar a este ejercicio de responsabilidad, le pregunto cómo es posible que no se canse de tanta vorágine fan, medios… ¿Tanto se quiere <<Aquí en Bilbao que he estado haciéndome las fotos y tal, sería muy triste que nadie me pidiera una… significaría que algo falla, a todos nos gusta sentirnos querido, mi finalidad no es que la gente me quiera, me quiero yo mismo y ya está>> zanja Vaquerizo.

Y ya puestos por qué no monetizar su vida si para él no hay personaje y persona, hay Mario Vaquerizo: <<No he pretendido ser famoso, primero porque estoy casado con Alaska y segundo porque en un momento de mi vida decidí hacer un reality y nunca he tenido complejo de mostrar mi vida porque estoy muy orgulloso de como soy y de la gente que me rodea, y prefiero sobreexponerme en un programa de televisión donde me pagan y no hacerlo en Twitter, Facebook o Instagram diciendo que me he comido unas lentejas, en el fondo todos hacemos lo mismo y me encanta>>.

Una jóven Ángela Saiz posando con él en 2014.

En la montaña rusa de temas con los que da para hablar con él, aparte de su libro, afirma luchar contra los prejuicios mostrándose tal y como es, y reivindicando su masculinidad a sui generis: <<A mí me siguen diciendo maricón, veo gente que me saluda: “Qué guay, Mario y tal…” y cuando se giran están diciendo; “Mira este maricón”, que me la suda sinceramente, porque mis amigos son todos maricones y yo reivindico la palabra maricón, me duele porque están ofendiendo a mi mujer, llevo 20 años con ella, ¿Qué quiere?, ¿Una muñeca o un marido? Y su marido soy yo, por lo demás nada…>>

Le pongo sobre la mesa las cartas de la homofobia, la igualdad y la evolución social que hemos vivido, si ha cambiado algo desde aquel niño que fue a ver Grease con su tía y el hizo descubrir la Superpop: <<Vivimos en una burbuja, no se ha avanzado tanto… recuerdo en las manifestaciones del Orgullo que le decía a Olvido, mira toda la gente que hay, si ya está… sales de ahí y sigue existiendo… yo combato mostrándome tal y como soy, y mostrando las cosas como las digo que eso es verdad que hay mucha gente que lo agradece…>> concluye Mario.

Eso sí, siempre alejado de los extremismos, caminando en la ambigüedad y el anti-dogmatismo: <<Vivo muy bien en el gris perla, los extremos no me gustan nada, paralizan, el estar parado te impide conocer cosas nuevas, yo disfruto escuchando una canción de Donna Summer que se podía bailar en Studio 54 o de los Ramones>>.

Nos ponemos místicos al final de la entrevista, el más allá, la espiritualidad, nuestro paso en esta vida: <<Cumplir años es estar vivo, a mí la vida me gusta mucho, he asistido a pérdidas de gente joven, gente genial, y cada vez que veo una película o una cosa, me da rabia que esa persona se la esté perdiendo, a lo mejor la está viendo desde arriba… eso ya cada uno…>>

¿Hay vida después de la muerte Mario?

<<Tengo un sentido de la espiritualidad muy desarrollado… nos quedamos, nos manifestamos de la forma que sea, el problema es que cambian las dimensiones>>

¿Cómo en Interstellar?

<<Sí, eso es un festival que actué en Marbella>> termina entre risas.

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