El hito bilbaíno anual de la Aste Nagusia poco a poco va adquiriendo mayor fuerza a medida que nos acercamos a la fecha de explosión del evento a mediados de agosto. Insertos en la vorágine de celebración inaugurada por Marijaia, es costumbre que mis amigos y yo, del mismo modo que la mayoría de los ciudadanos, nos dediquemos a desfilar por las txosnas que deciden poblar durante algo más que una semana El Arenal. Es sobre todo a inicios de esa visita, cuando los sentidos aún los mantengo agudos sin los efectos del alcohol y la fiesta, cuando me atrae la presencia de un edificio que anualmente se convierte en testigo directo de la juerga bilbaína: la parroquia de San Nicolás de Bari.

A pesar de que es numerosa la población que no le presta demasiado interés en comparación con la famosa catedral de Santiago, templo considerado icono de la ciudad, San Nicolás se trata de una de las edificaciones sacras más antiguas de la villa. En Plena Edad Media, fueron los pescadores y marineros que acometían su oficio en la ría bilbaína los que decidieron construir un edificio en honor a su santo patrón. Lo decidieron levantar lo más próximo a la ría, concretamente en la playa que el agua fue generando durante siglos. De ahí deriva la nomenclatura de la zona donde se cobijan tanto la iglesia como las txosnas.

El Arenal en 1870

El Arenal en 1870. Aunque no haya encontrado grabados o fotos anteriores, hay que imaginárselo como un terreno arenoso. Fuente: EUSKONEWS

El crecimiento demográfico que en el siglo XV padeció la ciudad a causa del éxito económico relacionado con el aumento de la actividad comercial provocó que los límites del anterior núcleo bilbaíno (el Casco Viejo) se ampliaran, abarcando ahora la zona de San Nicolás. Con el mayor número de feligreses que atraía el culto al santo fue necesario renovar el templo: es así como alrededor de 1490 se debió de construir una iglesia mayor, que se erigió en poco tiempo gracias a las generosas limosnas de los bilbaínos.

Sin embargo, el emplazamiento elegido para el templo desde su inicio no favorecía su correcto asentamiento: los cimientos fallaban en el terreno arenoso, lo que obligó a realizar continuas reformas interior y exteriormente. Fue finalmente en la década de los cuarenta del siglo XVIII cuando por orden del Ayuntamiento se decidiera destruir por completo el edificio. El santo quedó sin protección durante el tiempo en que se construyera un nueva iglesia, que terminaría de construirse en 1756. Lógicamente en dicha remodelación el edificio perdió toda esencia medieval, mostrando ahora una estructura y decoración afín a la moda barroca del momento.

Esto es lo que explica que a día de hoy sea imposible percibir la estructura medieval originaria de la obra y que la población “profana” a la Historia del Arte considere que se trate de un edificio relativamente “nuevo” carente de una historia milenaria.  En cualquier caso, al margen de la imagen que nos muestra en la actualidad, son dos las razones por las que debemos valorar la fábrica: primero, porque es admirable que la devoción al santo siguiera activa a pesar de los avatares arquitectónicos que sufrió el templo, hecho que justifica las innumerables obras que se acometieron para reformar y poner “al punto” el edificio. Segundo, porque su culto fue refrendado por los arrantzalez que dotaron de personalidad a Bilbao durante mucho tiempo.

San Nicolás-Losada

La iglesia de San Nicolás de Bari retratada por el pintor bilbaíno Manuel Losada hacia 1924. Título: “Iglesia de San Nicolás y soldados”. Técnica: pastel sobre papel Ingres. Fuente y procedencia: MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO

Tampoco debemos olvidar que la titularidad de la parroquia, además de ser patrón de los marineros, se relaciona con el famoso Santa Claus (Papá Noel en ciertas comunidades). Hay crónicas que evidencian que se trataba del mismo santo cuya acción más destacada era hacer obsequios a los niños y a las personas más necesitadas, costumbre que se ha extrapolado en ciertas partes del mundo al día de Navidad en la actualidad. Tenemos, por tanto, una parroquia que nos evoca al señor orondo de traje y gorro rojos, aunque en Euskadi sea Olentzero la figura que le robe el trabajo.

En fin, con todo ello pretendo subrayar el papel de la iglesia de San Nicolás de Bari en la cultura y costumbre propias de Bilbao, para que nosotros y las generaciones futuras admiremos y protegemos ese patrimonio que nos pertenece. Doy con esto por publicada la tercera entrega dedicada a difundir el patrimonio de origen medieval en Euskadi que Pepucomag se propuso hace un tiempo, artículo que debemos ponerlo en consonancia con la estudiada capilla del Señor de Ayala y con la catedral “Vieja” de Vitoria-Gasteiz.

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La iglesia en la actualidad. Fuente: EBILBAO.ES

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