Vitoria-Gasteiz se ha constituido no solo capital política del País Vasco sino también cumbre de la actividad cultural y artística del territorio euskaldun. Allá son numerosos los museos que se han propuesto difundir la cultura, todos ellos ubicados en edificios que, por sí mismos, merecen ser visitados. El Artium (Museo Vasco de Arte Contemporáneo), el recién renovado BIBAT (entidad que engloba el Museo Fournier de Naipes y el Museo Arqueológico), el curioso Museo de Armería, el Diocesano (ubicado dentro de la catedral Nueva) y el de Ciencias Naturales, entre otros, son los encargados de velar por el conocimiento, la historia y la educación de los alaveses y todos los vascos. No debemos olvidar, en este sentido, las abundantes esculturas ubicadas en los espacios públicos y los murales que dotan de color a la ciudad, componiendo, sin lugar a dudas, un Museo al aire libre.

El Museo de Bellas Artes de Álava hay que contextualizarlo en este ambiente. Esta entidad, preocupada desde sus inicios de custodiar obras ejecutadas por artistas españoles (y con más énfasis de origen vasco) de época contemporánea, está actualmente en boga de los amantes del arte pues desde el pasado mayo oferta una de las exposiciones temporales más sugerentes respecto a su especialidad: Trama e hilos sueltos: diálogos entre dos colecciones de arte vasco, comisariada por el profesor de la UPV/EHU Ismael Manterola Ispizua.

Museo BBAA Álava

El Museo de Bellas Artes alavés está integrado desde 1942 en el palacete que el matrimonio Elvira Zulueta y Ricardo Augustin mandaron construir en 1912. Aunque interiormente haya sufrido muchas reformas, al exterior presenta cierto estilo ecléctico. Fuente: MINUBE.COM

La intención de Ismael con su muestra es crear un diálogo entre dos colecciones que versan sobre uno de los temas más controvertidos dentro de la historiografía artística vasca: el “arte vasco”. Se unifican la colección propia del Museo de Bellas Artes y la perteneciente al Museo madrileño de Reina Sofía, y la componen un conjunto de pinturas y esculturas producidas por artistas vascos, fechadas entre fines del siglo XIX y principios del XX, que supuestamente presentan suficientes signos identitarios merecedores de ser calificados como un estilo artístico autónomo.

La pregunta de que si verdaderamente existe o ha existido un arte de índole propiamente vasco nos catapultaría directamente al epicentro del debate artístico. Está (relativamente) claro que Euskadi no ha sido centro creador durante los estilos relativos a la Edad Media (Románico y Gótico) y la Edad Moderna (Renacimiento y Barroco), ni tampoco durante el Neoclasicismo, pues los artistas de dichas épocas simplemente se limitaban a recibir las influencias artísticas extranjeras y asimilarlas de la mejor forma posible. Se considera, pues, que Euskadi era centro receptor, por lo que en los períodos señalados sería erróneo emplear el término “arte vasco”, sustituible acaso por “un arte hecho en el País Vasco”. No obstante, entre 1880 y 1930 se formaron una serie de artistas de nacionalidad vasca que fueron creando un tipo de producción que si formalmente estaban adscritos a la modernidad europea (extranjera), temáticamente y simbólicamente fueron aludiendo a la problemática y al folklore vascos: la exaltación de los fueros, la representación de las erromeriak, arrantzaleen zereginak, baserritar lanak, etc.

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En los estudios dedicados al arte vasco nunca se ha obviado la relevancia de Ignacio Zuloaga. Aquí su “Carmen Arconada” (1940) perteneciente al Museo de Bellas Artes de Álava. Fuente: FOROXERBAR.COM

El primer profesional que se dedicó a formular las conjeturas sobre el arte propiamente vasco y a sistematizar aquellos artistas que casaran con ese discurso fue el crítico del arte Juan de la Encina, a través de los diversos artículos que escribió para la revista Hermes y en su libro Trama del arte vasco. Su función fue urdir el desarrollo artístico que Euskadi estaba padeciendo y originando en esa época. La exposición de Ismael Manterola entroncaría con la tarea comenzada por Juan de la Encina. Intentando completar la labor del crítico, estudia a aquellos artistas que De la Encina obvió, de ahí el título de la exposición Trama e hilos sueltos, siendo esos hilos sueltos los que viene a proponer el prof. de la UPV/EHU. Este ya nos cuenta en el folleto de la muestra que “es evidente que algunas de las prácticas artísticas que se desarrollaron durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX, no fueron tenidas en cuenta a la hora de elaborar los prototipos que podían dar pie a hablar del “arte vasco”, aunque el propio Juan de la Encina insistió en que su trabajo era un primer paso en el estudio de la posibilidad de consolidación de un futuro arte vasco. Quizá hayan sido los años posteriores que quisieron añadir la urdimbre a la trama propuesta por Juan de la Encina, los que han conformado una imagen de lo que se suponía fue el arte vasco”.

En conclusión, la muestra del Museo alavés se trata de una visión actualizada de lo que podría denominarse “arte vasco”, una exposición enriquecida cuantitativa y cualitativamente mediante la unificación de la colección alavesa y la madrileña.

Exposición Trama e hilos sueltos: diálogo entre dos colecciones del arte vasco. Comisario: Ismael Manterola Ispizua. Ubicación: Museo de Bellas Artes de Álava (Vitoria-Gasteiz) . Duración de la expo: del 16 de mayo al 19 de octubre de 2014. Tarifas: 3€ la entrada general (reducciones con la tarjeta universitaria) y gratuita con Gazte Txartela. Primer sábado de cada mes acceso gratuito para todos. Web del museo.

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